:: Nota de prensa de la Universitat de Barcelona. 02/05/2014 ::


 

Incluso en las zonas más profundas del océano se pueden encontrar botellas, bolsas de plástico, redes de pesca y otros materiales de origen humano, según alerta un artículo publicado en la revista PLOS ONE en el que han participado expertos del Grupo de Investigación Consolidado (GRC) de Geociencias Marinas de la UB, que está dirigido por el catedrático Miquel Canals.




La basura marina es un grave problema medioambiental que afecta a ecosistemas costeros y oceánicos de todo el planeta. En el nuevo estudio, en el que también participan los geólogos Galderic Lastras y Xavier Tubau (UB), los expertos describen la presencia de basura en los fondos marinos del Mediterráneo, el Ártico y también el océano Atlántico —de la plataforma continental europea a la dorsal centroatlántica— y desde 35 metros hasta 4.500 metros de profundidad.

Plásticos, artes de pesca, vidrios, metal, madera y ropa

Plásticos y artes de pesca son los materiales más abundantes en los fondos marinos, donde también se han encontrado cristales, metal, madera, papel, cartón, tela, cerámica y otros materiales no identificados.

«Algunas áreas de los fondos marinos parecen auténticos vertederos», explica el catedrático Miquel Canals, del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la UB. «En el océano, la basura se encuentra en todas partes, desde las regiones más remotas, como el Ártico o los mares del Sur, hasta las llanuras abisales, a miles de metros de profundidad». «En el fondo —continúa—, la basura marina se encuentra tanto en forma de objetos sólidos —sobre todo plásticos y latas de bebidas— como de productos de desintegración, como los microplásticos. En las zonas de gran actividad pesquera, abundan los restos de artes de pesca».

El estudio internacional, en el que participan quince instituciones de investigación de toda Europa, está dirigido por la Universidad de las Azores, con la colaboración del proyecto Mapping the Deep —dirigido por la Universidad de Plymouth— y los proyectos HERMIONE y PERSEUS, financiados por la Unión Europea y coordinados por el Centro Nacional de Oceanografía de Southampton y por el Centro Helénico de Investigaciones Marinas, respectivamente. También ha colaborado en el estudio el proyecto Dos Mares, del Plan Nacional de I+D+i, coordinado por Canals.

Cuando la basura llega antes que el hombre

Tal como señala Christopher Pham, de la Universidad de las Azores, «el plástico es el componente más común encontrado en el fondo del mar. La basura asociada a las actividades de pesca —líneas y redes de pesca abandonadas— abunda particularmente en las montañas y colinas submarinas y en las dorsales oceánicas. Las grandes acumulaciones de basura marina se encuentran en los cañones submarinos profundos».

«Este estudio ha demostrado que la basura está presente en todos los hábitats marinos, desde playas hasta las grandes hondonadas oceánicas», explica Kerry Howell, de la Universidad de Plymouth. «La mayor parte de las profundidades marinas aún no ha sido explorada y sorprende descubrir que nuestros desechos han llegado incluso antes que nosotros».

Todavía no existe un mapa global fiable de las áreas oceánicas más afectadas por el impacto de la basura marina. «Las corrientes y, en general, la dinámica marina, reparten la basura desde las áreas fuente hacia el interior del océano», explica Miquel Canals. «Las principales áreas que actúan como fuente son las grandes concentraciones urbanas e industriales cercanas a la costa, las playas y, en general, las actividades turísticas, así como las embarcaciones de todo tipo. Los ríos y el viento también tienen un papel a la hora de transportar basura hacia la costa y el mar», remarca el experto.

¿Cuál es el impacto en la costa catalana?

Los mares cerrados, como el Mediterráneo, con concentraciones urbanas e industriales importantes, acumulan probablemente más desechos que regiones oceánicas alejadas de tierra. En el marco de la investigación, el equipo del GRC Geociencias Marinas de la UB ha aportado imágenes submarinas del cañón de Blanes, obtenidas en 2011 con el vehículo submarino no tripulado de gran profundidad Liropus 2000, del Instituto Español de Oceanografía (IEO), durante la campaña oceanográfica Promares - Oasis del Mar de estudio de los grandes valles submarinos de Cataluña.

Tal y como apunta Canals, «en el Mediterráneo occidental se producen correntadas, o cascadas, de aguas densas que circulan preferiblemente por cañones submarinos». Por ello, se cree que es en estos lugares donde se acumularía más basura marina. «En el litoral catalán —detalla el investigador—, la basura proveniente de la actividad pesquera se encuentra sobre todo en la plataforma y el talud continental, hasta unos 900 m de profundidad, y se concentra especialmente en los fondos rocosos de las cabeceras de los cañones submarinos, donde hay muchas líneas y redes de pesca enganchadas y abandonadas».

Basura marina: un problema profundo en mares y océanos

El estudio también revela la huella de la navegación en mares y océanos después de la revolución industrial. «Un descubrimiento significativo es el de los depósitos de escoria del carbón quemado en las calderas y vertido por los barcos de vapor desde finales del siglo XVIII», explica Eva Ramírez-Llodrà (CSIC). Las acumulaciones de escoria están estrechamente ligadas a las rutas de navegación modernas, y nos indican que los principales corredores de transporte no se han modificado en los últimos dos siglos.

Millones de toneladas de basura y otros residuos derivados de la actividad humana son vertidos cada año en el mar. Ni los grandes fondos oceánicos, según revela el estudio, se salvan de la basura marina. «La gran cantidad de basura que llega al fondo del océano profundo es un problema en todo el mundo. Nuestros resultados ponen de manifiesto la magnitud del problema y la necesidad de actuar para prevenir el aumento de la acumulación de basura en el medio marino», concluye el profesor Kerry Howell.

En palabras del catedrático Miquel Canals, «lo más sorprendente —que ya no debería serlo tanto— es constatar, una vez más, que la huella humana ha llegado a los lugares más recónditos del planeta. Podríamos decir, en este caso en sentido estricto, aquello de que no hay ni uno limpio».